Submarinismo deportivo

El traje me molesta, no es la ropa más cómoda que he usado, y sin embargo estoy deseando embutirme en ella. El viento, el sol ...el agua, todo se acomoda en mi cara cuando, sentado en la motora, nos acercamos al punto de inmersión.

Es cuando comienzo a sumergirme que alforan los recuerdos de por qué quiero repetir.

El agua, a veces fría, a veces turbia pero otras veces tranquila, clara y acogedera, me invita a adentrarme en su ser, para conocer sus secretos.

Lentamente descendemos, casi sin llegar a posarnos en el fondo, nos preparamos para tomar rumbo y comenzar el increible viaje de los sentidos.

Un aleteo corto pero constante nos deplaza lentamente. Es el momento de descubrir las pequeñas cosas que nos llaman la atención por estar vivas. Peces, posidonia, rocas, juegos de colores y con todo ello, la sensación de ingravidez, de ir y venir al compás de la corriente.

Nos seguimos moviendo. Desde la distancia solo se aprecia el silencio pero es en nuestra cabeza donde resuena nuestra respiración cuando expulsamos  el aire por nuestro regulador.

Todo forma parte de una partitura audiovisual.

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Ahora solo nos queda el recuerdo de las fotos y videos. El deseo de comenzar la ceremonia del buceo se agolpa en la cabeza esperando un nuevo día para retomar las sensaciones.